No hay contrato porque no hay costo.
La cooperación público-privada explicada sin ruido
La crítica parte de una sospecha insinuada: si los tótems no cuestan, entonces “¿a cambio de qué?”. Se afirma que “no sirven”, que “no tienen contrato” y que “ningún empresario tiraría su dinero”. La intención es sembrar duda, no explicar el modelo.
La realidad es más simple y completamente legal.
No existen contratos porque no hay contratación. Se trata de una colaboración entre iniciativa privada y ciudadanía que no implica gasto público. A la alcaldía no le costó un solo peso. Eso no es opacidad; es precisamente lo contrario a una adjudicación onerosa.
El contexto importa. La alcaldía Cuauhtémoc concentra cerca de cinco millones de personas que la transitan todos los días, pero el presupuesto que recibe se calcula solo con base en quienes viven ahí, alrededor de 580 mil habitantes. Esa brecha hace que las necesidades de iluminación, información, orden y seguridad superen por mucho los recursos asignados.
Frente a esa realidad, se tomó una decisión responsable: sumar a quienes quieren invertir para mejorar el espacio público sin cargarle el costo a la gente. Esto se hace dentro del marco legal que establece la Constitución de la Ciudad de México, que mandata a representar y proteger los intereses de la población del territorio.
¿Para qué sirven los tótems? Aportan iluminación, información y puntos de referencia en zonas de alta afluencia. Son útiles para vecinas y vecinos, y también para visitantes, especialmente en contextos de alta movilidad como los eventos internacionales que vive la ciudad. No son un invento nuevo ni un capricho: han sido un recurso histórico y habitual en la Ciudad de México, incluida la propia alcaldía.
Decir que “no sirven” ignora el resultado y las peticiones vecinales que los motivaron. Decir que “no hay contratos” sin explicar que no hay gasto es una media verdad usada para confundir. Y sugerir que hay algo oculto “a cambio” sin prueba alguna es mezquino cuando el impacto es positivo y el costo es cero.
Aquí no hubo dinero público comprometido.
No hubo adjudicación.
No hubo beneficio privado indebido.
Hubo resultados.
Gobernar también es maximizar impacto con responsabilidad, buscar soluciones legales y efectivas cuando el presupuesto no alcanza y no renunciar a dar resultados por miedo al ruido. Por eso este modelo se ha usado antes y por eso se seguirá usando: porque funciona, porque es legal y porque beneficia a la comunidad.
Y sí, se va a seguir haciendo. Dentro de la ley, cuidando a la gente y defendiendo la prosperidad de quienes viven y transitan la Cuauhtémoc.
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