La mentira que repiten para ver si pega
Hay una estrategia que se repite con disciplina casi mecánica: desacreditar insistiendo en que quien responde “no trabaja”. No importa cuántos recorridos haya, cuántas acciones en calle se realicen o cuántos problemas se atiendan. El mensaje siempre es el mismo: si habla, es porque no gobierna. Si desmiente, es porque algo oculta. Si responde, es porque está nerviosa. La mentira se ajusta, pero el objetivo no cambia.
La acusación intenta instalar una idea muy concreta: que responder a ataques equivale a abandonar responsabilidades. Como si gobernar implicara guardar silencio frente a la difamación. Como si aclarar falsedades fuera incompatible con caminar colonias, atender vecinas y vecinos o encabezar operativos diarios. Es una trampa narrativa diseñada para desacreditar haga lo que haga.
En este caso, el ataque vuelve a cruzar una línea conocida. Se insinúan excesos, se repite la referencia al “polvo blanco”, se busca asociar sin pruebas, sin hechos y sin una sola evidencia. No es una crítica política, es una calumnia reciclada. Se dice una y otra vez esperando que, por cansancio o repetición, alguien la crea. Así funciona la difamación: no demuestra, sugiere; no prueba, insinúa; no informa, contamina.
La respuesta no es evasiva ni solemne. Es directa y desmonta el ataque por lo que es: una mentira absurda. Mientras se inventan historias, la realidad sigue su curso. Recorridos en colonias, presencia en calle, trabajo cotidiano. Gobernar no significa aislarse del debate público ni fingir que la desinformación no existe. También es proteger la verdad, poner límites y dejar claro cuándo un ataque no busca señalar errores, sino erosionar reputaciones.
Alessandra Rojo de la Vega no responde por vanidad ni por distracción. Responde porque hay una campaña sistemática de descrédito que no se detiene sola. Porque cuando se normaliza la mentira, el daño no es solo personal, es institucional. Y porque callar frente a la difamación también tiene costos.
La llamada “Operación Verdad” no surge para justificar, sino para exhibir el patrón. El mismo mensaje repetido, los mismos ataques reciclados, las mismas acusaciones sin sustento. Insistir no los convierte en hechos. Decirlos más fuerte no los vuelve reales.
Trabajar y responder no son opuestos.
La mentira sí lo es del servicio público.
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