Ensuciar para culpar: cuando el sabotaje intenta pasar por “denuncia ciudadana”
Durante semanas se ha repetido la misma narrativa: que en Cuauhtémoc hay abandono, suciedad y desorden. El mensaje es insistente y no es casual. Lo que hoy empieza a quedar claro es que no estamos frente a un problema de incapacidad, sino ante una estrategia deliberada para fabricar escenarios de crisis y luego explotarlos políticamente.
Cuando inició esta administración se encontraron más de 300 tiraderos clandestinos. No fue discurso, fue diagnóstico. Con trabajo diario en calle, operativos constantes y aplicación de sanciones, se logró erradicar más de la mitad. En Cuauhtémoc, quien tira basura enfrenta consecuencias reales: detenciones, jueces cívicos, multas y trabajo comunitario. No simulación, resultados. A eso se suma un modelo que no existe en otra alcaldía del país: el reciclaje de aceite usado en mercados y comercios para evitar que colapse el drenaje y se contaminen las coladeras. La política pública estaba funcionando.
Y entonces aparecieron las cámaras.
Las grabaciones muestran algo que no encaja con la narrativa del “desorden espontáneo”: personas uniformadas, vinculadas al gobierno central, tirando basura en calles principales de la alcaldía. No de noche por descuido, no por ignorancia. De forma abierta, deliberada, frente a cámaras. Ensuciar para después señalar. Preparar el escenario y luego montar el escándalo.
Eso ya no es crítica política. Eso es sabotaje.
Porque cuando alguien contamina una colonia no afecta a una persona ni a un cargo público. Afecta a vecinas, vecinos, comercios y espacios comunes. Golpea a la ciudadanía para intentar golpear políticamente a una administración. Y eso cruza una línea grave. No es protesta, no es denuncia, no es libertad de expresión. Es irresponsabilidad y posible delito ambiental.
La denuncia ya fue presentada y hasta ahora no ha habido respuesta. El silencio institucional frente a hechos documentados también dice mucho. Por eso la pregunta es inevitable: ¿actúan solos o saben que no habrá consecuencias? ¿Quién da la orden de ensuciar la ciudad para fabricar un relato?
Alessandra Rojo de la Vega fue clara: Cuauhtémoc no será el basurero político de nadie. La operación Verdad no surge como consigna, sino como respuesta a una campaña que dejó de ser verbal y pasó a la acción. Aquí no se va a normalizar que se contamine una alcaldía para ganar likes o titulares.
Esto no es política. Es sabotaje.
Y no se va a dejar pasar.
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